¿Fortalecer el mercado interno? No con franja fronteriza

¿Ha intentado mandarle desde Ensenada, un regalo a su hijo que vive en Guadalajara? ¿Ha tratado de enviar una muestra de su producto a posibles clientes en Cuernavaca, Oaxaca o Querétaro?

Recuerdo el aprieto en el que me metí cuando tuve que mandarle a mi papá una refacción para la reparación del Toyota en el que viajó a Oaxaca para visitar a mi hermana.

Primero había que encontrar un servicio de mensajería que tuviera la disposición de ayudarme y después los trámites.

La parte que compré en una refaccionaria debidamente establecida en Ensenada no podía ser enviada así nada más. Había que presentar la factura y llevarla a la aduana para una importación al interior del país en el que ya está. Aunque le digan re-expedición, es como volver a importar, que no me cuenten.

Ahora con la crisis empiezo a escuchar declaraciones como: “es necesario fortalecer el mercado interno”. La última hasta me molestó, lo confieso; fue la de nuestro presidente Felipe Calderón en la Cumbre de América Latina y el Caribe. Al abordar el tema de la actual crisis, nuestro mandatario convocó a los países de Latinoamérica y el Caribe a derribar las barreras físicas, comerciales y políticas para tener una región integrada.

¿Cómo se puede formar parte de una región latinoamericana integrada cuando nuestro país no lo está, cuando en México tenemos dos mundos separados por una frontera interna?

Me parece que vivimos en un país enfermo de la circulación. La franja fronteriza es como un colesterol que debilita el comercio interno. Yo digo: “si está en México, ya está en México”, ¿Por qué he de realizar un trámite de importación de algo que ya entró a mi país? Sea un regalo de navidad, una muestra de atún ahumado o cajas de machaca de Sonora. ¿Y qué si es un artículo americano importado? Si pude pasar con él la frontera ya entró a México, ya está aquí, ¿Qué diferencia habrá si aparece después en Monterrey?

Está muy bien, todos estamos de acuerdo, hay que fortalecer el mercado interno.

Si se comienza a cabildear este asunto realmente espero escuchar iniciativas que incluyan reformar la ley de aduanas en relación a la franja fronteriza, desaparecerla básicamente.

Por supuesto que a muchos empresarios del norte les gustaría vender sus productos al interior del país y traer de allá también otros, pero nadie lo hará si no es negocio.

Hay una película de 1997 que ilustra lo importante de la libre comunicación en una nación. Se llama “Mensajero del Futuro” (The Postman, en inglés) con el actor Kevin Costner. Trata de un futuro en el que la guerra civil de los Estados Unidos ha provocado un aislamiento de las poblaciones y un retroceso a algo parecido a la era de la conquista del oeste. En ese contexto, el protagonista, después de encontrar el cadáver de un cartero del servicio postal y vestirse con su uniforme, se las arregla para que le permitan entrar a una aldea y lo alimenten, diciéndoles que lleva cartas y que se ha comenzado a restablecer la comunicación entre las aldeas del país.

De acuerdo a esa historia del escritor David Brin, la restauración de toda la nación comienza con el inicio del funcionamiento del servicio postal al estilo antiguo a caballo. En ese drama, los carteros son los héroes y caudillos de una nueva revolución que tiene como fundamento la comunicación entre hermanos, padres e hijos y amigos.

Que se incluya en el fortalecimiento del comercio interno una reactivación del servicio postal o cuando menos una correcta incentivación a las empresas del ramo de la mensajería con regulaciones que les impidan elevar abusivamente los costos de envío.

Cuando vi esa película soñé con un México en el que un CD de música que yo mandara por correo tardara tres días en llegarle a mi sobrino en el DF. ¿Es mucho pedir o es soñar con los pies en la tierra y la mirada en el cielo? Hasta la próxima.

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Es socio de Auval. Egresado del CETYS, Asesor Financiero Patrimonial, New York Life, Consultor Asociado, Aras Consultores. Profesor Universitario.

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